Giambattista

En el transcurso de una tertulia a la que fue invitado por primera vez, unos departían sobre marinismo.

El susodicho se acercó al grupo queriendo darse corte, a la manera de un “nuevo rico”, tratando de intercalar sus conocimientos náuticos, y sin sospechar que el tema no giraba en torno a velas, cabos o mareas, sino a las metáforas rebuscadas del napolitano G. Marino (siglo XVI):

“La blanca nieve de tu frente coronada de jazmines” → la piel.

“El sol dorado que en tu cabello se enciende” → el brillo del cabello.

“Las líquidas perlas que tu llanto derrama” → las lágrimas.

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