EL PERDÓN ANTES DEL CRIMEN

Un tataranieto del esclavo brasileño Roque "Pata Seca" decidió cobrarle, a quien corresponda, por los daños recibidos, obrando en la intersección entre justicia y venganza: sobre todo hacia esta última. Por historia, eligió a un descendiente del fazendeiro Félix de Sousa. No al más rico, no al más culpable. Al del apellido sin mancha que aún vivía en la casa grande. 

Lo llamó por teléfono.

Sin introitos, le dijo que quería entregarle en mano una invitación. Y que, además, necesitaba pedirle perdón por algo que pensaba hacer raudamente.

El chozno no entendió por qué tanto misterio, pero por aburrimiento o por curiosidad de patrón, estuvo bien dispuesto a recibirlo.

Se sentaron en la cocina. Sin presentarse.

"Vine a pedirte perdón", dijo el primero. Lo dijo a la manera litúrgica, como se pide perdón antes de sacrificar un animal. No por arrepentimiento, sino por respeto al rito.

Sentía pena. Sentía culpa. No sentía ninguna clase de duda.

"Mi tatarabuelo tuvo decenas de hijos. Le decían 'Pata Seca' porque pisaba firme y no se enfermaba nunca. Ciento treinta años vivió. ¿Sabés cuánto vivieron los hijos que tuvo con las esclavas? ¿Y los que tuvo con la mujer de tu tatarabuelo cuando él viajaba?"

El otro no contestó. Ya había escuchado esa historia en una sobremesa, contada con malicia.

"Yo no te odio", siguió. "No te conozco. Pero el linaje no es algo que uno elige, es algo que uno carga. Y que a veces tiene que pagar".

Sacó del bolsillo un sobre color gris. Lo dejó sobre la mesa de mármol. Adentro había una tarjeta con borde negro y tipografía portuguesa.


            Guilherme de Sousa Neto

      Tendrá el honor de celebrar y asistir a su propio velatorio.

      El próximo miércoles a las 21, en Av. Paulista 1676.

            Se ruega puntualidad.


El futuro asesinado lo leyó dos veces. Creyó que era una broma de mal gusto, o que venía de un loco.

"¿Me estás amenazando?"

"No. Te estoy invitando. Y te estoy pidiendo perdón. La amenaza es otra cosa, y viene después. Si vas el miércoles, voy a poder hacerlo sin culpa".

Guardó el sobre en el cajón de los cubiertos, entre las cosas que no se usan nunca, y lo despidió con una risa corta.

El miércoles, el tataranieto de Pata Seca esperaba en la funeraria del Grupo Silva e Santos. Había para comer y beber.

Eran las diez menos diez, y cuando ya creía que la historia se había terminado sola, sonó el timbre.

Era él. De traje. Pálido.

"Vine", dijo. "Porque no entendí si me perdonaste antes o después".

"Antes", le contestó. "Siempre es antes. Después ya no sirve".

Lo hizo pasar. Se sentaron uno al lado del otro, frente al cajón vacío; a velarse mutuamente un rato largo…

Comentarios

Entradas populares