El timón y el país
Declararse enemigo de un régimen en el gobierno de un país es algo totalmente válido, más allá de estar o no de acuerdo con la concepción política del cuestionador.
Declararse enemigo del gobierno —no por quien lo lleva, sino por el timón— o de un país —de sus montañas, lagunas, torrentes, humus, plantas, animales, yacimientos, etcétera— es un total despropósito.

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