Fe de erratas III
Una obra de autor anónimo no significaba que el escritor careciera de nombre, sino de fama.
Aunque en vías de desaparecer, a juzgar por el argumento esgrimido más abajo, alguno debe de quedar.
El supuesto, al mismo tiempo, se reconoció incurso en un corregible y doloroso fallo.
Así escribe:
“Solicité el Premio ‘Noble’¹ de Literatura con un argumento irrefutable:
‘Si Saramago recibió uno, yo merecería tres; pero si Borges no, ¿por qué me correspondería a mí?’
‘¹ El premio noble lo he tenido siempre. Lo que sigue en veremos, por culpa de la Academia Sueca, es el reconocimiento a Borges’”.

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